inteligencia emocional

La importancia de los tres primeros años de vida. Periodo sensible para el desarrollo socio-emocional

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[quote][/quote]Nada sucede dos veces ni sucederá. Por ese motivo se nace sin experiencia, se muere sin adaptación” W. Szymborska

Muchos son los grandes avances que se han producido en el conocimiento sobre cómo se desarrolla el niño desde que nace hasta la madurez, pero a pesar de ello, en la sociedad, estamos aún lejos de comprender la gran importancia que tienen los tres primeros años.

El mayor peso de la educación de la nueva generación recae casi por completo en lo padres jóvenes, en unas condiciones sociales que originan unos elevados niveles de estrés, tanto económico como psicológico.

Cada vez es más habitual en todos los países de Europa que los niños pasen al menos una parte del día fuera de sus hogares.

“Un buen cuidado de los niños no sólo deber ser educativo, sino también receptivo; debe estar informado por una manera imaginativa de entender las experiencias y los sentimientos de los pequeños, en especial cuando están separados de sus padres. Por ello la necesidad de que los educadores infantiles observen sistemáticamente y con detenimiento a los niños que atienden, que reflexionen sobre sus observaciones y que las compartan y analicen con los padres” (E. Goldschmied; S. Jackson, 2000, 17) y otros profesionales si fuera necesario. “Puesto que casi todos los recuerdos anteriores a los tres años se pierden, ésta es una de las pocas maneras de que disponemos para intentar comprender las sensaciones y los sentimientos de un niño pequeño” (E. Goldschmied; S. Jackson, 2000, 17).

Es muy necesario ser conscientes de los mensajes que se transmiten a los niños a través de nuestros actos, de nuestras palabras y del ambiente que les creamos, por muy pequeños que sean.

Los niños nacen con su propia carga genética y sus predisposiciones y temperamento distintos. Lo que les ocurre a partir de su nacimiento tiene mayor importancia en el proceso que determinará el tipo de personas que van a llegar a ser. Esto supone, o debería suponer, una gran responsabilidad para quienes les atienden durante los principales años de su formación. (E. Goldschmied; S. Jackson, 2000).

Muchos son los estudios sobre el desarrollo y el aprendizaje que tienen lugar durante la infancia, pero, ¿qué es el desarrollo? Planteado de una forma simple el desarrollo se refiere a continuidades y cambios sistemáticos en el individuo que ocurren entre la concepción y la muerte. Los cambios son sistemáticos porque se refieren a que son ordenados, siguen un patrón y son relativamente duraderos.

Para captar el significado del desarrollo en forma más plena se deben entender dos procesos importantes que subyacen al cambio del desarrollo. Uno de estos procesos es la maduración, que se refiere al desarrollo biológico de acuerdo con un plan contenido en los genes, el material hereditario transmitido por los padres a su hijo en el momento de la concepción. El programa de maduración humano demanda que caminemos y pronunciemos nuestras primeras palabras significativas más o menos al año de edad,… El cerebro sufre muchos cambios con la maduración y este proceso es el responsable de cambios psicológicos como el aumento de la capacidad para concentrarnos, solucionar problemas y entender los pensamientos o sentimientos de otras personas.

Un segundo proceso del desarrollo es el aprendizaje, mediante el cual nuestras experiencias producen cambios relativamente permanentes en nuestros sentimientos, pensamientos y comportamientos. La mayor parte de nuestras capacidades y hábitos no se despliegan simplemente como parte del gran plan de la naturaleza; a menudo aprendemos a sentir, pensar y comportarnos en formas nuevas a partir de nuestras observaciones e interacciones con padres, maestros y otras personas importantes en nuestras vidas, así como de acontecimientos que experimentamos. Cambiamos en respuesta a nuestro ambiente, en particular en respuesta a las acciones y reacciones de las personas que nos rodean. La mayor parte de los cambios que producen el desarrollo son resultado de la maduración y el aprendizaje.

Desde la Psicología del Desarrollo, la mayor de las disciplinas que estudia las continuidades y cambios que un individuo experimenta, se persigue la meta de la explicación esperando determinar por qué los individuos se desarrollan como lo hacen en forma típica y por qué algunos resultan diferentes de los demás.

Tabla 1: Un panorama cronológico del desarrollo humano

Periodo de la vida Rango de edad aproximada
  • Periodo prenatal
  • Infancia
  • Periodo prescolar
  • Niñez media
  • Adolescencia
  • Edad adulta temprana
  • Edad adulta media
  • Vejez
  • De la concepción al nacimiento
  • Primeros 2 años de vida
  • De 2 a 6 años de edad
  • De 6 a más o menos 12 años de edad
  • Más o menos de los 12 a los 20 años de edad
  • 20 a 40 años de edad
  • 40 a 65 años de edad
  • 65 años de edad en adelante

 

Desde la Historia los debates acerca de cuestiones filosóficas produjeron nuevas perspectivas sobes los niños y la crianza que deberían seguir. Según la doctrina del pecado original de Thomas Hobbes (1651-1904) los niños son seres egoístas e inherentemente interesados que deben ser restringidos por la sociedad, mientras que, de acuerdo con la doctrina de Jean Jacques Rosseau de la pureza innata (1712-1778), los niños nacen con un sentido intuitivo del bien y el mal que a menudo es comprometido por la sociedad. Estos dos puntos de vista difieren claramente en sus implicaciones para la crianza de los niños.

Otra opinión influyente sobre los niños y la crianza infantil fue sugerida por John Locke (1690) quien afirmaba que la mente de un bebé es una tabula rasa, o “pizarra en blanco”, que los niños no son inherentemente ni buenos ni malos, y su forma de ser depende por completo de sus experiencias mundanas.

Piaget (1950), influido por sus antecedentes en biología, definió la inteligencia como un proceso vital básico que ayuda a un organismo a adaptarse en su ambiente. Con adaptación Piaget quiere decir que el organismo puede afronta las exigencias y demandas de su entorno inmediato. A medida que los niños maduran adquieren “estructuras cognoscitivas” cada vez más complejas que les ayudan a adaptarse a sus ambientes.

Una estructura cognoscitiva, o lo que Piaget llamó un esquema, es un patrón organizado de pensamiento o acción que se usa para afrontar o explicar algún aspecto de la experiencia. Por ejemplo, muchos niños de tres años insisten en que el sol está vivo porque sale por la mañana y se pone al anochecer. Según Piaget, estos niños operan con base en un esquema cognoscitivo simple de que las cosas que se mueven están vivas. Los primeros esquemas, formados en la infancia, son hábitos motores como mecerse, sujetarse y levantarse que demuestran ser adaptativos.

Cuatro son las etapas de desarrollo cognoscitivo propuestas por Piaget como periodos importantes del desarrollo cognoscitivo:

Etapa sensoriomotora, del nacimiento a los 2 años de edad

Etapa preoperacional, de los 2 a los 7 años de edad

Etapa de las operaciones concretas, de los 7 a los 11 años de edad

Etapa de las operaciones formales, de los 11 u 12 años en adelante

 

Según Jonh Bowlby (1969; 1973) los niños exhiben una amplia variedad de comportamientos preprogramados y cada una de estas respuestas promueve una clase particular de experiencia que ayudará al individuo a sobrevivir y desarrollarse en forma normal. Por ejemplo, se considera que el llanto de un bebé es una “señal de malestar” programada en forma biológica que atrae la atención de los cuidadores. Los cuidadores también están predispuestos en forma biológica para responder a estas señales. La significación adaptativa del llanto de un bebé es asegurar que: 1) se satisfagan las necesidades básicas del bebé, 2) el bebé tenga suficiente contacto con otros seres humanos para formar vínculos emocionales primarios (Bowlbly, 1973)

Algunos cuidadores que sufren tensiones psicológicas -enfermedades prolongadas, depresión, un matrimonio desdichado,…- pueden prestar poca atención o ser negligentes en forma rutinaria, del modo que el llanto del bebé rara vez genera vínculos positivos con ellos. Es posible que un bebé en esas condiciones no forme lazos emocionales seguros con sus cuidadores y puede incrementar su grado de timidez e insensibilidad emocional hacia otras personas durante los años venideros (Ainsworth, 1979; 1989).

Con todo esto podemos concluir que las primeras experiencias en la vida de una persona son muy importantes. Hoy en día sabemos que existen periodos sensibles (no críticos), momentos óptimos en el desarrollo para aprendizajes específicos. Los tres primeros años de vida son un periodo sensible para el desarrollo de la sensibilidad social y emocional (Bowlby, 1973). Las personas somos más susceptibles a formar lazos emocionales íntimos durante este periodo de vida; si se tiene poca o ninguna oportunidad de hacerlo durante este periodo, encontrarán mucha mayor dificultad para hacer amigos íntimos o para entrar en relaciones emocionales íntimas con otros más adelante.

 

Marta Salas

Psicologa sanitaria. Especialista en psicología infantil y juvenil

Num.Col. M-21405

 

 

 

Referencias

Acoutier, B. (2012): L’enfant terrible ¿qué hacer con el niño difícil en la escuela? Barcelona. Editorial Graó.

Goldschmied, E., Jackson, S. (2000): La Educación Infantil de 0 a 3 años. Madrid. Ediciones Morata.

Shaffer, D.R. (1999): Psicología del desarrollo. Infancia y Adolescencia. Thomson. México.

 

 

 

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