psicologos en madrid. coaching con caballos

Testimonio. Cómo los caballos cambiaron la vida de una adolescente

“Los caballos me devolvieron la esperanza, la motivación. Los caballos me han dado un futuro y yo he decidido darles el mío a ellos”

Para muchos los caballos son un simple animal, un animal que transmite libertad al verlo galopar, armonía al verlo montado, tranquilidad al acariciarlo. Para otros el caballo es un simple instrumento de trabajo, una fuente de ingresos. Para mí el caballo es una forma de vida, una forma de encontrarme a mí misma y de sacar lo mejor que tengo, para mí los caballos suponen y han supuesto desde que los conocí una bendición.

Entre los 11 y los 12 años entré en un mundo al que ojalá no se le diera tanta importancia, me sumergí de lleno en el mundo de la búsqueda de la imagen corporal perfecta. Poco a poco todo se fue desequilibrando y dónde antes estaba María ahora ya no quedaba mas que una sombra de ella. He pasado 10 años viviendo con un trastorno de alimentación muy complicado por el cual estuve al borde del ingreso, el cual me ha robado la adolescencia que creo que merecía y la felicidad durante mucho tiempo, pero también el que me ha impulsado a ser lo que soy ahora, el que me ha hecho valorar cosas que no se valoran y el que me ha puesto en el camino a estas magníficas criaturas.

El primer caballo que monté en clase se llamaba Indio, parecía un peluche grande y yo rápidamente me enamoré de él. Había intentado de mil maneras salir de aquello o por lo menos dejar de pensar unos minutos al día en ello pero era imposible, sin embargo durante mis clases de equitación todo eso desaparecía. Sorpresa! Es imposible describir lo que fue darse cuenta de que había estado una hora sin tener pensamientos negativos hacia mi físico o hacia la comida. De ahí en adelante los cambios fueron sucediéndose de forma rápida y sin yo darme cuenta, cambios que habíamos intentado conseguir con otros tratamientos y que habían sido imposibles. Lo primero que noté fue un aumento en la confianza en mi misma, un aumento de la autoestima (algo de vital importancia tratándose de un TCA), poco a poco las distorsiones en mi imagen iban difuminándose, me importaba menos lo que la gente pensase de mí, yo solo tenía ganas de que pasase la semana y llegara la clase, tenía ganas de seguir luchando por recuperarme porque había encontrado un sitio al que pertenecía, un sitio en el que me encontraba cómoda, segura, un sitio en el que me encontraba valorada, sentía que servía para ello. Había encontrado unos seres que no me juzgaban y que veían en mi interior lo que yo realmente guardaba, independientemente de si estaba gorda, flaca, era fea o guapa y que además me ayudaban a sacarlo. A partir de ahí otra enfermedad comenzó, pero con esta quiero seguir toda la vida, me refiero a ellos, a los caballos. CREO EN ELLOS, CREO QUE PUEDEN AYUDARNOS SI NOSOTROS ESTAMOS DISPUESTOS A ELLO. Poco a poco fui sumergiéndome en este precioso mundo hasta que me tope con la pequeña Princesa, esa yegua ha ayudado a que María vuelva a aparecer del todo y que la sombra que la estaba cubriendo desaparezca, para siempre. El vínculo que tengo con ella es puro, es real, y hace que nos superemos las dos día a día y me recuerda quién soy y quién quiero llegar a ser.

Mencionar que todo esto tampoco hubiera sido posible sin la ayuda y el apoyo de mi familia, mi chico y mis amigos, Nuria y Trecín.

María Aguado

 

 

 

 

 

 

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