psicologia infantil

¿Qué está pasando con nuestros niños?

psicologia infantil

Que tan común es hoy escuchar comentarios acerca de qué les está pasando a los niños; “no sé cómo están educados hoy los niños, pero antes esto no pasaba”, “los niños de hoy en día tienen muy poca vergüenza”, “a mí de pequeño no se me hubiera ocurrido contestar así a un adulto”, etc, etc. Éstos son “simples” ejemplos que podrían ilustrar un cambio generacional tan drástico que nosotros, los adultos de hoy, no hemos sido capaces de asimilar. El cambio de la familia mediterránea, la inclusión de la mujer en el mundo laboral, el papel del educador en las escuelas, las exigencias del entorno, que dirigen a una actividad cada vez más veloz, el haber nacido en la generación tecnológica,…, son causas más que evidentes para plantearnos este “debate”.

¿Son más “malos” hoy nuestros niños?, ¿son más inquietos?, ¿están “peor” educados?, ¿quién les transmite esos valores y normas tan aclamados por los adultos?…

Los padres que acuden a consulta piden la receta mágica de cómo hago con mi hijo, y de la misma manera que los niños no vienen con las instrucciones bajo el brazo al nacer, tampoco hay una “receta”, unas pautas generales, que les permita que sus hijos “se comporten”. En muchas ocasiones nos encontramos con padres que pretender “domar” a sus hijos, empeñados en que estén una hora sentados durante una comida familiar, por ejemplo, donde el único niño es él mismo, que se aburre y busca con el movimiento una manera de mostrar disconformidad con lo que está ocurriendo a su alrededor. Lo que es motivante para los adultos no es siempre, y me atrevo a decir nunca, es motivante para los niños.

 

La semana pasada observé una escena que me llevó a escribir estas líneas, pues tuve la oportunidad de escuchar varios de los comentarios que he citado al inicio. Os pongo en situación: sábado por la tarde, en un centro comercial de los tantos que hay en Madrid. En uno de los pasillos mi atención se dirige hacia una familia, compuesta por los padres, una pareja de unos treinta y muchos años, con tres niños, presupongo que todos hijos suyos, y otra pareja, de unos sesenta y tantos años, abuelos de los niños, por lo que pude observar. Desde que yo pude verlos, el “grupo” iba andando de manera alborotada. Uno de los pequeños, de unos cuatro añitos, parecía ser el protagonista de tal alboroto. De vez en cuando echaba a correr, con la consiguiente persecución de la madre, mientras el padre intentaba “sujetar” a los otros dos, algo más mayorcitos. Los abuelos, por detrás, iban observando la escena, ajenos a su participación con el “grupo”, mostrando gestos de vergüenza ante la impotencia sobre el control que los padres estaban ejerciendo sobre sus hijos. El niñito en cuestión gritaba y pataleaba cada vez que la madre le daba alcance, intentaba, y en varias ocasiones lo consiguió, enganchar lo que tuviera más a mano. En una de éstas tiró un stand de estos que ponen fuera de las tiendas de perfumerías y cosméticos. El espectáculo estaba servido y los espectadores, muchos, teniendo en cuenta que estábamos a sábado por la tarde, no se quedaron sin las ganas de comentar lo que estaban observando y dando “instrucciones” por lo bajini de lo que ellos mismos harían: “un buen azote lo pondría en su sitio”, “a saber cómo serán los padres para que este muchachito así se comporte”, “esto lo hago yo de pequeña y mi padre me lo recuerda el resto de mis días para que no lo vuelva a hacer”,….

Pocos segundos de que nuestro protagonista hubiera tirado el stand, el padre engancha al pequeño del brazo y entre sollozos se lo lleva medio arrastrando. La madre se queda recogiendo los productos que estaban en el suelo sin parar de disculparse ante la empleada de la tienda. Los abuelos cogen de la mano a los otros dos pequeños. Pocos minutos después desaparece el “grupo” de la escena.

 

Con situaciones como estas nos habremos encontrado muchos, como protagonistas o como espectadores, haciéndonos preguntas de qué es lo que ha pasado y por qué se comporta así ese niño. Cierto es que tendríamos que analizar dicha situación en concreto, pero cierto es también que respuestas hallaríamos.

En muchas ocasiones los padres verbalizan lo culpables que se sienten ante comportamientos de sus hijos por no ser capaces de controlarlos. No se trata de culpa, pero sí de responsabilidad. La culpa genera mucha angustia y frustración ante la impotencia de no poder “saber” generar estrategias “útiles”. El cambiar la palabra culpa por la de responsabilidad libera parte de esa angustia y con menos angustia el proceso de crianza puede sentirse de forma más placentera. Es en esos casos que la archiconocida frase “nadie nos enseña a ser padres” calza perfectamente con esta angustia.

 

Tenemos poco tiempo para estar con nuestros hijos e intentamos que pasen con nosotros el máximo de tiempo posible -sino parece que nos sentimos mal, que no estamos siendo buenos padres-. Nuestro niñito de la historia que acabamos de contar posiblemente llevara todo el día fuera de su casa, de compras de aquí para allá, haciendo cosas para él nada motivante, ni siquiera el haber pasado media hora en el parque de bolas del centro comercial le ha servido para liberar su disconformidad. Y tal vez se pregunte el por qué unos sí se “comportan” y otros no, y la respuesta es tan simple como que usted y yo somos diferentes, y los niños, por muy bajitos que sean, también son diferentes unos de otros, con otro temperamento, otras inquietudes, otras emociones, otras motivaciones e intereses, otras vivencias. Nosotros los adultos, como padres y como educadores, tenemos la responsabilidad de “conocer” a nuestros niños y no pretender someterlos a condiciones que no son “ajustadas” para ellos, ya sea por querer solventar el tiempo “perdido” por quehaceres de nuestra vida de adulto, ya sea por pretender que formen parte de la sociedad, tratando de que acaten normas que no son capaces todavía de entender.

Los adultos somos educadores emocionales de nuestros niños y ese niño que patalea muestra con su conducta la expresión de una lucha entre la autoridad que impone normas y límites y la naturaleza libre del niño, que percibe en cada norma un intento de control. El problema surge cuando el adulto ejerce la autoridad desde el control y la presión y no desde la empatía.

 

Y después de todo esto se preguntarán: ¿es posible evitar una pataleta? Sin duda que sí. La estrategia más exitosa es anticipar su aparición, es decir, evitar activamente que se desencadene. Para ello, el adulto debe estar alerta a los factores que suelen provocar esta conducta en el niño: el sueño, el hambre, el cansancio, el encierro, el exceso de abrigo, el frío, el aburrimiento, las conductas de control coercitivo, son los principales factores desencadenantes de las pataletas en niños pequeños. Por lo tanto, en vez de preguntarse cómo actuar frente a una pataleta pregúntense cómo evitarla en una circunstancia determinada.

Marta Salas

Psicologa sanitaria

Num.Col. M-21405

 

la rabia

La rabia en los niños ¿cómo gestionarla?

la rabiaAntes de que nuestros hijos verbalicen sus primeras palabras, comienzan con el balbuceo, e incorporan en su limitado vocabulario palabras que absorben de sus figuras parentales, mientras tanto, el niño puede verse “frustrado” por su falta de expresión verbal, llegando a manifestaciones de emociones que en ocasiones los padres no logran entender.

Esta falta de recursos para expresarse hace que algunos niños en vez de reflejar sus necesidades, peguen a sus compañeros para conseguir lo que desean, perpetuando dicho comportamiento y derivando en un manejo deficitario de las relaciones sociales.

El pequeño no posee la capacidad empática para ponerse en “la piel del otro”, está precisamente atravesando su etapa más egocentrista, donde su persona prevalece sobre los demás, sumado a comportamientos impulsivos de “quererlo todo”. El niño pequeño no tiene la capacidad de abstracción y tampoco prevé consecuencias de su comportamiento.

Cuando se dan estas circunstancias, son los padres quienes pueden facilitar a sus hijos estrategias de regulación emocional, ya sea a través de su propio ejemplo, demorando  respuestas de satisfacción para con sus hijos,  devolviéndoles el significado de la paciencia y disminuyendo su pulsión a “desear de forma desordenada”. De alguna manera y aunque suene duro, debemos aprender  a frustrar a nuestros hijos desde muy pequeñitos. Aquí las emociones de rabia, frustración y tristeza aparecerán de forma manifiesta, y deberá ser reflejado por los padres como emociones necesariamente “tolerables” insistiendo en que se puede convivir con ellas, hasta terminar minimizándolas con una buena gestión emocional.

Forma parte de la naturaleza del niño expresar una amplia gama de emociones y estados de ser. Bien es cierto, que si esas cualidades están bloqueadas en los padres, si se sienten nerviosos e incómodos cada vez que surgen en el niño,  le inyectarán grandes dosis de  ansiedad que terminarán bloqueándoles a estos mismos su manifestación o por el contrario, maximizando su efecto.

En situaciones en las que el niño de forma sistemática pega, el adulto, debe gestionar la agresividad infantil sin agresividad ni ansiedad propia, podría facilitar herramientas de manejo emocional, tales como la detección de la rabia, con el distanciamiento del problema, negociaciones donde comprenda el significado de que pueden ganar los dos,  en vez de permitir utilizar la agresividad para conseguir sus deseos, desarrollar la capacidad de empatía, haciéndole explorar sobre los sentimientos que tendría si le hubiera pasado a él. También es interesante reforzar conductas en las que el niño ha manejado su ira de forma saludable, de manera que vaya integrando en sus patrones de comportamientos dichas estrategias.

Por ello es de vital importancia, que ayuden a sus hijos a tomar conciencia de sus emociones y a poder gestionarlas de forma saludable, para que en sus procesos madurativos se forjen una autoestima sólida, capaz de ser autónomos y seguros de sí.

Mas Info: http://cye-coaching.com/inteligencia-emocional/inteligencia-emocional-ninos/

Formadora y coach emocional

Verónica Martínez

 

inteligencia emocional 1

¿Somos emocionalmente inteligentes?

inteligencia emocional 1

Hoy en día no paramos de escuchar las palabras inteligencia emocional, y es que su impacto en nuestras vidas es tan alto, que es serio plantearnos su existencia y dedicarle un tiempo a ella.

Los beneficios que la inteligencia emocional aporta a las personas, han sido puestos de relieve en múltiples estudios y se ha demostrado su influencia en los ámbitos educativo, de la salud y de las organizaciones.

Según Mayer y Salovey, referentes e investigadores de la inteligencia emocional, la define como la “capacidad para procesar la información que nos proporcionan las emociones. Las personas emocionalmente inteligentes son aquellas que saben atender a las emociones originadas en su entorno, comprenden las posibles causas y consecuencias y, en consecuencia, desarrollan estrategias para regular o manejar esos estados emocionales”.

 La diferencia entre individuos que ponen en práctica competencias emocionales y las que no son muy sustanciales. Los primeros, suelen resolver de forma creativa sus problemas y aceptan los desafíos que implican estar “en conflicto”. No bañan su perspectiva con pensamientos rumiantes ni ansiógenos que trastoquen el bienestar psicosocial de los mismos. De alguna manera, no inhiben el proceso de la resolución de problemas, buscando la sombra en el silencio de sus necesidades, o en la cesión de su poder personal. Son personas con una mayor libertad de decisión, con un autocontrol aprendido, fruto de haber tomado en cuenta sus emociones y su posterior ajuste. En consecuencia, desarrollan estrategias para regular o manejar esos estados emocionales y se permiten flexibilizar sus conductas, adoptando múltiples perspectivas a la hora de afrontar un conflicto.

Una vez sentadas las bases de la inteligencia emocional, pasaría a trasladar la pregunta ¿Somos emocionalmente inteligentes?

Existen muchos estudios que demuestran que flaqueamos en este ámbito, y por desgracia, la emoción, aunque encubierta, dirige en muchas ocasiones nuestras vidas.

Son muchos los ejemplos; cuando nos sentimos cuestionados por los demás, en nuestros trabajos, en nuestro entorno social o familiar, cuando tenemos un desengaño amoroso, cuando nos quedamos enganchados en un rol y no sabemos actuar desde otra faceta nuestra, cuando debemos decidir sobre qué opción vital elegir o cuando recibimos una devolución agresiva de un ser querido y entramos en verdadera ira, estos son reflejos inexcusables de que no estamos gestionando nuestras emociones de forma saludable. Nadamos entre la evitación y el impulso, y en vez de poseer un locus de control estable que provenga de “mi” de “mi centro”, percibimos la realidad como un huracán que a su paso se lleva todo. De ser así, abandonamos el poder frente a las situaciones, el control se lo damos a las circunstancias y como consecuencia las soluciones no forman parte de nuestras decisiones sino de la propia coyuntura.

A parte de “entrenarnos” en tomar conciencia sobre nuestros propios sentimientos, creo que hay un paso más allá, que nos ayudaría a reparar nuestros estados emocionales, se trata de hacernos “muy nuestra la creencia” de que puedo interrumpir estados emocionales negativos y prolongar los positivos. Debe existir una clara intención y voluntad en creer que se puede conseguir aplicando estrategias de regulación que consistan en incrementar las emociones positivas y minimizar las negativas.

Desde las sesiones grupales e individuales de coaching e inteligencia emocional, trabajamos con visualizaciones positivas de un “yo” futuro, la generación de perspectivas diferentes sobre un mismo problema, con la toma de conciencia de nuestras necesidades más profundas, o la restructuración cognitiva, observando los problemas como una ocasión para el crecimiento y desarrollo personal.

También es adecuado dicho trabajo con niños y adolescentes, sentando las bases para ser individuos emocionalmente inteligentes. Aunque con un cariz más lúdico, el juego dará pie a no desanimarse ante las dificultades ni ceder a las emociones negativas, muy al contrario, se activará la creencia de la auto-eficacia, desarrollando una construcción del yo, sólido y seguro de sí mismo.

Verónica Martínez

Formadora en Inteligencia emocional

Coach personal

terapias con caballos

Intervenciones asistidas con caballos. Terapias ecuestres

 

Introducción a las intervenciones asistidas con caballos
2014-15 – Primer Cuatrimestre
Horas: 15 Créditos / ECTS: 1,5 / 0,75 Precio: 80€ (alumnos URJC) 100€ (externos a la URJC)
Horario: Lunes – Miércoles de 13:00 a 15:00 Fecha: Del 6 de Octubre al 29 de octubre de 2014
Profesores: Veronica Martínez
Noa Calleja
Sheila Mora
OBJETIVOS
  • Introduccir al alumnado en el conocimiento de las intervenciones asistidas con caballos
  • Proporcionar a los alumnos recursos básicos sobre el trabajo en Intervenciones Asistidas con Caballos
  • Preparación profesional en el área de las Intervenciones Asistidas con Caballos (IAC)
CONTENIDOS
Modulo I: Etología equina. Historia y antecedentes de las Terapias Ecuestres.Módulo II: Terapias Ecuestres. Hipoterapia / Equitación Terapéutica/Equitacion Adaptada/ Ocio Terapéutico con caballosMódulo III: Intervención asistida con caballos. El modelo del coaching o training. . Liderazgo y comunicación. La inteligencia emocional como gestión del cambio.  Análisis de lenguaje verbal y no verbal.Módulo IV: La teoría de los espejos. El caballo como elemento movilizador. Metáforas y proyecciones.

Módulo V: Manejo y control del caballo. Cooperación y creación de confianza con el caballo. Elección y entrenamiento del caballo como co-terapeuta.

Módulo VI:A quien van dirigidas las IAC. Beneficios y contraindicaciones. Elaboración de Planes de Trabajo e Informes. Visualización audiovisual sobre casos reales

Módulo VII: Evaluación: Intervenciones centradas en soluciones o en problemas.Valoraciones de casos prácticos presentados por los alumnos.

METODOLOGÍA
  • Formación teórica y práctica
  • Visualización/visionado de casos reales
  • Análisis de casos
  • 
Facilitación de estrategias de intervención terapéutica ecuestre y coaching asistido con caballos.
EVALUACIÓN
Exposición de casos. Elaboración de un protocolo de intervención en diferentes supuestos.

 

Coaching personal en Madrid

Libérate!

Me gustaría compartir este video,  para mi ha sido un “volver a conectarme con la necesidad que tenemos de SOLTAR”, de tomar conciencia que es decisión nuestra abandonar nuestras resistencias y ACEPTAR lo que la vida nos trae, dejándonos fluir, sin forzar…

Coaching personal en Madrid Cye psicologia

Con Viento en contra…

No es fácil en los tiempos que estamos viviendo acercarnos a mensajes de felicidad, bienestar o realización, parece como si todo pesara más, y nuestra motivación se sintiera “tocada”. La coyuntura no nos pone accesible llegar a nuestros propósitos, y parece que el esfuerzo que tengamos que realizar sea mayor… aún así no me canso de experimentar este mensaje…. instalarnos en él puede significar, darnos fuerzas para acometer proyectos, cambios profesionales o personales, sabiendo que estamos pisando firme… aunque sintamos el viento en contra…

Coaching personal en Madrid Cye psicologia

Coaching personal e inteligencia emocional en Madrid Cye

¿Reconocemos este miedo?

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido sensaciones que han paralizado nuestros deseos y nos han impedido llegar a donde queríamos. La aportación del coaching a nuestras vidas, es precisamente algo parecido a lo que ocurre en esta película; descubrir qué es lo que nos está limitando, y explorar con qué recursos contamos para conseguir nuestros objetivos.

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