El efecto Pigmalión sobre nuestros hijos

El Efecto Pigmalión sobre nuestros hijos

El “Efecto Pigmalión”, en psicología, es el fenómeno mediante el cual las expectativas y

creencias de los adultos hacia sus hijos tienden a confirmarse con el transcurso del

tiempo. Este efecto sucede en el modo en que los padres, docentes y personas con

vínculos afectivos pueden transferir o influir en la vida del niño.

Dicho efecto tiene su origen en un mito griego, en el que un escultor

llamado Pigmalión se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su

pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera

viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de

Pigmalión, por obra de Afrodita, al ver el amor que éste sentía por la estatua, que

representaba a la mujer de sus sueños.

Lo que me ha llevado a escribir estas líneas es el escuchar reiteradamente, en consulta

y fuera de ella, “etiquetas” de padres y profesores a cerca de sus hijos/alumnos, tales

como “es un vago”, “es muy malo”, “se comporta mal”, “haz las cosas bien”, “no

puedes hacer esto”,… Detrás de estos mensajes están los anhelos o temores de los

El efecto Pigmalión sobre nuestros hijosadultos expresados en la forma

imperativa del lenguaje. Así el niño

lo que aprende es su rol o

comportamiento y lo que recibe

verdaderamente es “que no puede

hacer más de lo que hace”, “que si

se le dice que es malo tiene que

comportarse como un niño malo”,

“que no sabe hacer las cosas bien”,

“que es tonto”,…

Es muy importante que nosotros los adultos, modelos a los que seguir e imitar, nos

dirijamos hacia nuestros niños motivándolos y reconociendo ante ellos que creemos

que pueden hacer bien y lograr algo, con cierta dosis de realismo. De esta manara les

convertiremos en más persistentes y responsables de sus progresos, capacidades y

metas.

De igual modo en el que dicho efecto puede producir en nuestros niños que la

autoestima disminuya puede producir también un efecto positivo, de forma que

afiance el aspecto sobre el cual se produce el efecto y provocando un aumento de la

autoestima y de lo que puede conseguir.

Marta Salas

Psicóloga Sanitaria

Núm.Col. M-21405

Inteligencia emocional en madrid

La importancia de decir “NO”. Los caballos nos enseñan…

¿Nos enseñaron a decir “No” sin sentir que defraudamos? ¿Qué precio tenemos que pagar para complacer a los demás y acallar nuestras verdaderas necesidades y deseos?

Aquí tenemos un vivo ejemplo, de cómo consentimos el asalto a nuestro espacio vital, a nuestra vida misma, sin creernos con el poder de ejercer el derecho a emitir un NO. En muchas ocasiones es algo muy sutil, apenas te percatas que estás siendo invadido, se asoman muy sigilosamente por la puerta de átras y se cuelan en tu recinto “sagrado”… Nos sentimos elegidos, “nos ven”, y en consecuencia nos sentimos en deuda con ellos. Si digo No… se marcharán… si digo No, me dejarán de querer, si digo No,  les haré daño, no les daré lo que me piden. En este constante bucle nos encontramos en un callejón sin salida…

Podríamos plantearnos en consciencia, en un marco donde el centro de mi exsitencia sea YO MISMO,  qué queremos, qué necesitamos verdaderamente… Nos pasamos la vida como la lampara mágica de Aladín… concediendo deseos a la gente… pero me pregunto… ¿ hacemos igual con nosotros?

Nos sentimos culpables por bloquear el flujo de necesidades del “otro”… pero no nos damos cuenta que, así sin querer, nos lo cortamos a nosotros. Perdemos el centro y perdemos pie, porque inevitablemente estás pisando un terreno, un espacio que no es el tuyo… sencillamente son “los deseos del otro”… y mientras tanto, nos asfixiamos en un mar de palabras no dichas por no defraudar… y aquí comenzamos a sufrir… “hago lo que no quiero”

En esta ocasión, donde trabajamos con caballos, muchos de los participantes entendieron cómo se sintieron incapaces de defender su espacio, existió una ausencia de límites y el caballo invadió su territorio sin que los participantes opusieran resistencia. ¿Sería el caballo quien tendría que presuponer que estaba invadiendo? ¿sería él mismo quién tendría que movilizar sus energías y decidir  abandonar dicho espacio por ser demasiado violento para ellos?….Pues podría… pero como la vida misma… en muchísimas ocasiones no sucede y es NUESTRA RESPONSABILIDAD hacerle ver al otro dónde está ” mi limite” y dónde nos sentimos bien con su presencia, con sus pensamientos, con sus actos… Es necesario poder comunicar y transmitir cómo nos sentimos, es un respeto que nos debemos a nosotros… y no nos olvidemos… al otro!!! que también tiene el derecho de no andar a ciegas.

Los caballos nos reflejaron esta vez… que su grandeza, fortaleza y poderío imponen… y podemos dudar de nuestras capacidades… pero que igualmente necesitamos anclarnos en nosotros mismos y sentirnos con ese misma grandeza y poder para saber decir ese “dulce NO”

 

Verónica Martínez

Coach y facilitadora de inteligencia emocional

 

Actividad realizada en la Finca La Gurrana. (Escorial)  con la colaboración  de Jorge López, faciltador de terapias de arbol y ecuestres
www.sanatuarbol.es

 

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Los beneficios de la inteligencia emocional en los niños

2014-04-04 18.42.00

Los chicos de nuestro taller semanal aprenden a expresar sus emociones a través de la música y la pintura…

 

Todos ellos comienzan a inspirarse con canciones aleatorias que generan diferentes estados emocionales. Su impacto en cada uno de ellos es traducido en un gran lienzo donde esbozan sus sentimientos, pensamientos y sensaciones… se convierten en “ecos” para la emoción y se dejan llevar por su espontaneidad… comenzando a reconocer qué están sintiendo “en el aquí y el ahora”.

Esta técnica, ayuda a los pequeños a explorar qué ocurre en su interior, es una manera de “devolverlos a ellos” y a tomar conciencia de sus actos y consecuencias. De alguna manera, encuentran un momento para estar con ellos mismos, para “volver a casa”.

Si quieres que tu hijo participe en este taller ponte en contacto con nosotros!!

cye.psicologia@gmail.com o 617353674

Verónica Martinez

Coach y Facilitadora en Inteligencia emocional

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Fórmate como terapeuta ecuestre!!

 

 

Introducción a las intervenciones asistidas con caballos
2014-15 – segundo Cuatrimestre
Horas: 15 Créditos / ECTS: 1,5 / 0,75  
Horario: Lunes – Miércoles de 13:00 a 15:00Precio: 80€ (alumnos URJC) 100€ (externos a la URJC)Fecha: Inicio 16 de febrero  
Profesores: Veronica Martínez
Noa Calleja
Sheila Mora
OBJETIVOS
  • Introduccir al alumnado en el conocimiento de las intervenciones asistidas con caballos
  • Proporcionar a los alumnos recursos básicos sobre el trabajo en Intervenciones Asistidas con Caballos
  • Preparación profesional en el área de las Intervenciones Asistidas con Caballos (IAC)
CONTENIDOS
Modulo I: Etología equina. Historia y antecedentes de las Terapias Ecuestres.Módulo II: Terapias Ecuestres. Hipoterapia / Equitación Terapéutica/Equitacion Adaptada/ Ocio Terapéutico con caballosMódulo III: Intervención asistida con caballos. El modelo del coaching o training. . Liderazgo y comunicación. La inteligencia emocional como gestión del cambio.  Análisis de lenguaje verbal y no verbal.Módulo IV: La teoría de los espejos. El caballo como elemento movilizador. Metáforas y proyecciones.Módulo V: Manejo y control del caballo. Cooperación y creación de confianza con el caballo. Elección y entrenamiento del caballo como co-terapeuta.Módulo VI:A quien van dirigidas las IAC. Beneficios y contraindicaciones. Elaboración de Planes de Trabajo e Informes. Visualización audiovisual sobre casos realesMódulo VII: Evaluación: Intervenciones centradas en soluciones o en problemas.Valoraciones de casos prácticos presentados por los alumnos.
METODOLOGÍA
  • Formación teórica y práctica
  • Visualización/visionado de casos reales
  • Análisis de casos
  • 
Facilitación de estrategias de intervención terapéutica ecuestre y coaching asistido con caballos.
EVALUACIÓN
Exposición de casos. Elaboración de un protocolo de intervención en diferentes supuestos.

RESERVAS EN : http://miportal.urjc.es/cuesa/cursos/verProgramaCurso.jsp?curso=1623

centro.cuesa@urjc.es – Tfn: (+34) 91 488 7943 Fax: (+34) 91488 7863

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AHORA TAMBIEN EN FORMATO DE FIN DE SEMANA

psicologia infantil

¿Qué está pasando con nuestros niños?

psicologia infantil

Que tan común es hoy escuchar comentarios acerca de qué les está pasando a los niños; “no sé cómo están educados hoy los niños, pero antes esto no pasaba”, “los niños de hoy en día tienen muy poca vergüenza”, “a mí de pequeño no se me hubiera ocurrido contestar así a un adulto”, etc, etc. Éstos son “simples” ejemplos que podrían ilustrar un cambio generacional tan drástico que nosotros, los adultos de hoy, no hemos sido capaces de asimilar. El cambio de la familia mediterránea, la inclusión de la mujer en el mundo laboral, el papel del educador en las escuelas, las exigencias del entorno, que dirigen a una actividad cada vez más veloz, el haber nacido en la generación tecnológica,…, son causas más que evidentes para plantearnos este “debate”.

¿Son más “malos” hoy nuestros niños?, ¿son más inquietos?, ¿están “peor” educados?, ¿quién les transmite esos valores y normas tan aclamados por los adultos?…

Los padres que acuden a consulta piden la receta mágica de cómo hago con mi hijo, y de la misma manera que los niños no vienen con las instrucciones bajo el brazo al nacer, tampoco hay una “receta”, unas pautas generales, que les permita que sus hijos “se comporten”. En muchas ocasiones nos encontramos con padres que pretender “domar” a sus hijos, empeñados en que estén una hora sentados durante una comida familiar, por ejemplo, donde el único niño es él mismo, que se aburre y busca con el movimiento una manera de mostrar disconformidad con lo que está ocurriendo a su alrededor. Lo que es motivante para los adultos no es siempre, y me atrevo a decir nunca, es motivante para los niños.

 

La semana pasada observé una escena que me llevó a escribir estas líneas, pues tuve la oportunidad de escuchar varios de los comentarios que he citado al inicio. Os pongo en situación: sábado por la tarde, en un centro comercial de los tantos que hay en Madrid. En uno de los pasillos mi atención se dirige hacia una familia, compuesta por los padres, una pareja de unos treinta y muchos años, con tres niños, presupongo que todos hijos suyos, y otra pareja, de unos sesenta y tantos años, abuelos de los niños, por lo que pude observar. Desde que yo pude verlos, el “grupo” iba andando de manera alborotada. Uno de los pequeños, de unos cuatro añitos, parecía ser el protagonista de tal alboroto. De vez en cuando echaba a correr, con la consiguiente persecución de la madre, mientras el padre intentaba “sujetar” a los otros dos, algo más mayorcitos. Los abuelos, por detrás, iban observando la escena, ajenos a su participación con el “grupo”, mostrando gestos de vergüenza ante la impotencia sobre el control que los padres estaban ejerciendo sobre sus hijos. El niñito en cuestión gritaba y pataleaba cada vez que la madre le daba alcance, intentaba, y en varias ocasiones lo consiguió, enganchar lo que tuviera más a mano. En una de éstas tiró un stand de estos que ponen fuera de las tiendas de perfumerías y cosméticos. El espectáculo estaba servido y los espectadores, muchos, teniendo en cuenta que estábamos a sábado por la tarde, no se quedaron sin las ganas de comentar lo que estaban observando y dando “instrucciones” por lo bajini de lo que ellos mismos harían: “un buen azote lo pondría en su sitio”, “a saber cómo serán los padres para que este muchachito así se comporte”, “esto lo hago yo de pequeña y mi padre me lo recuerda el resto de mis días para que no lo vuelva a hacer”,….

Pocos segundos de que nuestro protagonista hubiera tirado el stand, el padre engancha al pequeño del brazo y entre sollozos se lo lleva medio arrastrando. La madre se queda recogiendo los productos que estaban en el suelo sin parar de disculparse ante la empleada de la tienda. Los abuelos cogen de la mano a los otros dos pequeños. Pocos minutos después desaparece el “grupo” de la escena.

 

Con situaciones como estas nos habremos encontrado muchos, como protagonistas o como espectadores, haciéndonos preguntas de qué es lo que ha pasado y por qué se comporta así ese niño. Cierto es que tendríamos que analizar dicha situación en concreto, pero cierto es también que respuestas hallaríamos.

En muchas ocasiones los padres verbalizan lo culpables que se sienten ante comportamientos de sus hijos por no ser capaces de controlarlos. No se trata de culpa, pero sí de responsabilidad. La culpa genera mucha angustia y frustración ante la impotencia de no poder “saber” generar estrategias “útiles”. El cambiar la palabra culpa por la de responsabilidad libera parte de esa angustia y con menos angustia el proceso de crianza puede sentirse de forma más placentera. Es en esos casos que la archiconocida frase “nadie nos enseña a ser padres” calza perfectamente con esta angustia.

 

Tenemos poco tiempo para estar con nuestros hijos e intentamos que pasen con nosotros el máximo de tiempo posible -sino parece que nos sentimos mal, que no estamos siendo buenos padres-. Nuestro niñito de la historia que acabamos de contar posiblemente llevara todo el día fuera de su casa, de compras de aquí para allá, haciendo cosas para él nada motivante, ni siquiera el haber pasado media hora en el parque de bolas del centro comercial le ha servido para liberar su disconformidad. Y tal vez se pregunte el por qué unos sí se “comportan” y otros no, y la respuesta es tan simple como que usted y yo somos diferentes, y los niños, por muy bajitos que sean, también son diferentes unos de otros, con otro temperamento, otras inquietudes, otras emociones, otras motivaciones e intereses, otras vivencias. Nosotros los adultos, como padres y como educadores, tenemos la responsabilidad de “conocer” a nuestros niños y no pretender someterlos a condiciones que no son “ajustadas” para ellos, ya sea por querer solventar el tiempo “perdido” por quehaceres de nuestra vida de adulto, ya sea por pretender que formen parte de la sociedad, tratando de que acaten normas que no son capaces todavía de entender.

Los adultos somos educadores emocionales de nuestros niños y ese niño que patalea muestra con su conducta la expresión de una lucha entre la autoridad que impone normas y límites y la naturaleza libre del niño, que percibe en cada norma un intento de control. El problema surge cuando el adulto ejerce la autoridad desde el control y la presión y no desde la empatía.

 

Y después de todo esto se preguntarán: ¿es posible evitar una pataleta? Sin duda que sí. La estrategia más exitosa es anticipar su aparición, es decir, evitar activamente que se desencadene. Para ello, el adulto debe estar alerta a los factores que suelen provocar esta conducta en el niño: el sueño, el hambre, el cansancio, el encierro, el exceso de abrigo, el frío, el aburrimiento, las conductas de control coercitivo, son los principales factores desencadenantes de las pataletas en niños pequeños. Por lo tanto, en vez de preguntarse cómo actuar frente a una pataleta pregúntense cómo evitarla en una circunstancia determinada.

Marta Salas

Psicologa sanitaria

Num.Col. M-21405

 

la rabia

La rabia en los niños ¿cómo gestionarla?

la rabiaAntes de que nuestros hijos verbalicen sus primeras palabras, comienzan con el balbuceo, e incorporan en su limitado vocabulario palabras que absorben de sus figuras parentales, mientras tanto, el niño puede verse “frustrado” por su falta de expresión verbal, llegando a manifestaciones de emociones que en ocasiones los padres no logran entender.

Esta falta de recursos para expresarse hace que algunos niños en vez de reflejar sus necesidades, peguen a sus compañeros para conseguir lo que desean, perpetuando dicho comportamiento y derivando en un manejo deficitario de las relaciones sociales.

El pequeño no posee la capacidad empática para ponerse en “la piel del otro”, está precisamente atravesando su etapa más egocentrista, donde su persona prevalece sobre los demás, sumado a comportamientos impulsivos de “quererlo todo”. El niño pequeño no tiene la capacidad de abstracción y tampoco prevé consecuencias de su comportamiento.

Cuando se dan estas circunstancias, son los padres quienes pueden facilitar a sus hijos estrategias de regulación emocional, ya sea a través de su propio ejemplo, demorando  respuestas de satisfacción para con sus hijos,  devolviéndoles el significado de la paciencia y disminuyendo su pulsión a “desear de forma desordenada”. De alguna manera y aunque suene duro, debemos aprender  a frustrar a nuestros hijos desde muy pequeñitos. Aquí las emociones de rabia, frustración y tristeza aparecerán de forma manifiesta, y deberá ser reflejado por los padres como emociones necesariamente “tolerables” insistiendo en que se puede convivir con ellas, hasta terminar minimizándolas con una buena gestión emocional.

Forma parte de la naturaleza del niño expresar una amplia gama de emociones y estados de ser. Bien es cierto, que si esas cualidades están bloqueadas en los padres, si se sienten nerviosos e incómodos cada vez que surgen en el niño,  le inyectarán grandes dosis de  ansiedad que terminarán bloqueándoles a estos mismos su manifestación o por el contrario, maximizando su efecto.

En situaciones en las que el niño de forma sistemática pega, el adulto, debe gestionar la agresividad infantil sin agresividad ni ansiedad propia, podría facilitar herramientas de manejo emocional, tales como la detección de la rabia, con el distanciamiento del problema, negociaciones donde comprenda el significado de que pueden ganar los dos,  en vez de permitir utilizar la agresividad para conseguir sus deseos, desarrollar la capacidad de empatía, haciéndole explorar sobre los sentimientos que tendría si le hubiera pasado a él. También es interesante reforzar conductas en las que el niño ha manejado su ira de forma saludable, de manera que vaya integrando en sus patrones de comportamientos dichas estrategias.

Por ello es de vital importancia, que ayuden a sus hijos a tomar conciencia de sus emociones y a poder gestionarlas de forma saludable, para que en sus procesos madurativos se forjen una autoestima sólida, capaz de ser autónomos y seguros de sí.

Mas Info: http://cye-coaching.com/inteligencia-emocional/inteligencia-emocional-ninos/

Formadora y coach emocional

Verónica Martínez

 

tdah

¿Tiene mi hijo TDAH?

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MI HIJO ESTÁ DIAGNOSTICADO DE TDAH ¿QUÉ ES ESO?

“Me ha dicho el médico que mi hijo tiene TDAH y que si no toma la pastilla todo lo que haga será perder el tiempo. También me ha dicho que es genético y que si él tiene TDAH su padre seguro que también lo tiene. Dar pastillas a mi hijo, la verdad, me asusta, pero me ha asegurado que no da problemas y si hubiera alguno, se retira el tratamiento y ya está”

Mensajes como este son los que transmiten los padres tras la visita al médico que ha diagnosticado TDAH a su hijo. Es tan común que entre padres y educadores ya no se duda de estos argumentos y se aceptan como válidos, sin más. ¡Por fin se sabe por qué el niño va mal en el colegio y además, tiene solución!

El término TDAH ha pasado al vocabulario escolar cotidiano, y todo niño rebelde, despistado, con malas notas,…, tiene altas probabilidades de acabar tomando una pastilla antes de ir al colegio.

¿Tan mal lo está haciendo la Naturaleza que millones de niños en todo el mundo necesitan tomar pastillas diariamente para poder prestar atención? ¿Qué está ocurriendo? ¿Es una epidemia o se trata de un gran negocio? ¿Sale más barato medicar que afrontar los cambios necesarios en el desfasado sistema escolar?

Con esto no pretendemos desmentir el TDAH, y cierto es que haya niños que precisen tratamiento farmacológico, pero la medicación masiva de los escolares no parece de sentido común.

Para reflexionar sobre ello podemos acudir a una cita del DR. Sroufe, 2012: “la ilusión de que los problemas de conducta de los niños pueden curarse con fármacos nos evita que, como sociedad, tratemos de buscar las soluciones más complejas, que serían necesarias. Los fármacos sacan a todos, políticos, científicos, padres, maestros, del apuro; a todos, excepto a los niños”.

En consulta vemos niños, cuyo comportamiento no es más -ni menos-, que el reflejo de una situación familiar caótica y desorganizada, tomando mediación para el TDAH. ¿Desde cuándo las relaciones familiares se solucionan con pastillas?

Otro aspecto a tener en cuenta es la madurez. A los niños nacidos en Diciembre se les receta más que a los niños nacidos en Enero. ¿Se confunde inmadurez con patología? Según el análisis de estudios recientes, donde se comprobó la fecha de nacimiento de casi un millón de niños, se puso de manifiesto que el factor edad explicaba un 25% de la varianza. Esto significa que miles de niños están recibiendo medicación simplemente por ser los de menor edad del aula (Elder, 2010; Morrow, 2012).

En el colegio es donde se presentan las mayores exigencias del entorno del niño y es cuando aparecen los síntomas. Once meses de diferencia en niños de 6-7años es causa más que considerable para explicar las dificultades que un niño nacido en Diciembre pueda presentar. Dichas dificultades pueden presentarse en el niño como manifestaciones de frustración que hacen que sume más sintomatología en su perfil comportamental, aparentando un perfecto cuadro de TDAH.

En muchas ocasiones hemos escuchado de los resultados positivos obtenidos al iniciar la medicación con metilfenidato, asumiendo a su vez el acierto del diagnóstico. Para nada esta afirmación es correcta. El buen resultado de la medicación no constituye prueba alguna, ya que estos fármacos elevan igualmente los niveles de atención de los sujetos sin TDAH. (Tomasi D. et al, 2011). Tanto ustedes, como yo, como cualquiera aumentaríamos la ejecución de nuestra atención.

A nivel internacional, en 1990, el consumo anual del metilfenidato era de 2.8 toneladas. En 4 años pasó a 9 toneladas. En la actualidad el consumo del metilfenidato sobrepasa las 44 toneladas anuales. En EEUU la factura por fármacos para el TDAH ascendió en 2011 a casi 8.000 millones de dólares, el doble que cinco años atrás (IMSD Institut for healthcare informatics, 2012).

Hoy en día nos gusta solucionar los problemas con rapidez y los medicamentos ofrecen, aparentemente, esa posibilidad. El 15% de la población española consume tranquilizantes. Compramos 52 millones de unidades al año, otros 33 millones de antidepresivos, con un incremento anual del 6%. El TDAH ha convertido también a los niños en grandes consumidores de psicotrópicos. ¿No hemos perdido el rumbo?

El metilfenidato altera todos los circuitos dopaminérgicos, no sólo los que a priori interesarían. Esto incluye el sistema digestivo, el sistema inmunitario y otras áreas cerebrales no directamente vinculadas con la atención y la hiperactividad (Cavaliere C. et al, 2012) lo que explicaría la larga lista de efectos secundarios/adversos que aparecen en los prospectos farmacéuticos.

PROSPECTO: INFORMACIÓN PARA EL USUARIO Metilfenidato hidrocloruro

POSIBLES EFECTOS ADVERSOS                 

Al igual que todos los medicamentos, el metilfenidato puede producir efectos adversos, aunque no todas las personas los sufran. Aunque algunas personas presenten efectos adversos, a la mayoría de la gente el metilfenidato les ayuda. Su médico le informará sobre estos efectos adversos.

Algunos efectos adversos pueden ser graves. Si usted o su hijo tienen algunos de los efectos adversos indicados a continuación, acudan inmediatamente a su médico:

Frecuentes (afecta a menos de 1 de cada 10 personas)

Latidos cardíacos irregulares (palpitaciones)
Cambios o alteraciones del estado de ánimo o cambios de personalidad

 

Poco frecuentes (afecta a menos de 1 de cada 100 personas)

Pensamientos o sentimientos suicidas
Ver, sentir u oír que no son reales, son síntomas de psicosis
Habla y movimientos del cuerpo descontrolados (síndrome de Tourette)
Signos de alergia como sarpullido, picor o urticaria en la piel, hinchazón de la cara, labios, lengua u otras partes del cuerpo, respiración entrecortada, dificultad o problemas para respirar.

Raras (afecta a menos de 1 de cada 1.000 personas)

Sentirse excepcionalmente exaltado, más activo de lo normal y desinhibido (manía)

Muy raras (afecta a manos de 1 de cada 10.000 personas)

Infarto
Crisis (ataques, convulsiones, epilepsia)
Descamación de la piel o manchas rojas purpurinas
Espasmos musculares incontrolados que afectan a los ojos, la cabeza, el cuello, el cuerpo y el sistema nervioso como consecuencia de la falta de circulación sanguínea al cerebro
Parálisis o problemas con el movimiento y la vista, dificultad en el habla (pueden ser signos de problemas de los vasos sanguíneos en su cerebro)
Disminución del número de células sanguíneas (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas) que puede causar más riesgo de coger infecciones, y provocar más fácilmente sangrado y moratones
Aumento repentino de la temperatura corporal, tensión arterial muy alta y convulsiones graves (“Síndrome Neuroléptico Maligno”). No es totalmente seguro que este efecto adverso sea causado por metilfenidato u otros medicamentos tomados en combinación con metilfenidato.

Otros efectos adversos (frecuencia desconocida)

Pensamientos no deseados que reaparecen
Desvanecimiento inexplicado, dolor en el pecho, respiración entrecortada (pueden ser signos de problemas cardíacos).
Si usted o su hijo tienen alguno de los efectos adversos indicados anteriormente, acudan a su médico inmediatamente.

Se indican a continuación otros efectos adversos, y si llegan a ser graves, por favor acudan a su médico o farmacéutico:

Muy frecuentes (afecta a más de 1 de cada 10 personas)

Dolor de cabeza
Sensación de nerviosismo
Dificultad para dormir

Frecuentes (afecta a menos de 1 de cada 10 personas)

Dolor de las articulaciones
Sequedad de boca
Temperatura elevada (fiebre)
Pérdida de pelo fuera de lo normal o disminución del grosor del mismo (pelo más fino)
Somnolencia o adormecimiento fuera de lo normal
Pérdida del apetito o disminución del apetito
Picor, sarpullido o aumento de los picores de los sarpullidos rojos (urticaria)
Tos, garganta dolorida e irritación de la garganta o la nariz
Tensión arterial elevada, latido rápido del corazón (taquicardia)
Sensación de mareo, movimientos descontrolados, actividad fuera de lo normal
Agresividad, agitación, ansiedad, depresión, irritabilidad y comportamiento anormal.
Dolor de estómago, diarrea, náuseas, sensación de malestar y vómitos

Poco frecuentes (afecta a menos de 1 de cada 100 personas)

Estreñimiento
Molestias en el pecho
Sangre en la orina
Agitación o temblor
Visión doble o visión borrosa
Dolor muscular, sacudida musculares
Respiración entrecortada o dolor de pecho
Aumento de los resultados de los análisis hepáticos (vistos en análisis de sangre)
Ira, inquieto o lloroso, excesiva consciencia del entorno, problemas para dormir

Raras (afecta a menos de 1 de cada 1.000 personas)

Cambios en la tendencia sexual
Sentirse desorientado
Pupilas dilatadas, problemas de la vista
Hinchazón del pecho en los hombres
Sudoración excesiva, enrojecimiento de la piel, aumento del enrojecimiento de los sarpullidos de la piel.

Muy raras (afecta a menos de 1 de cada 10.000 personas)

Infarto
Muerte súbita
Calambres musculares
Pequeñas manchas rojas en la piel
Inflamación o bloqueo de las arterias en el cerebro
Función hepática anormal incluyendo fallo hepático y coma
Cambios en los resultados de los análisis, incluyendo los análisis hepáticos y de sangre
Intención suicida, pensamiento anormal, ausencia de sentimientos o emoción, hacer las cosas una y otra vez, obsesión por algo
Dedos de los pies y de las manos entumecidas, hormigueo y cambio de color con el frío (de blanco a azul luego rojo) (“fenómeno Raynaud”)

Otros efectos adversos (frecuencia desconocida)

Migraña
Fiebre muy elevada
Latidos lentos del corazón, rápidos o palpitaciones
Crisis epiléptica mayor (“convulsiones de tipo gran mal”).
Creer cosa que no son verdad, confusión
Dolor grave de estómago con sensación de malestar y vómitos
Problemas de los vasos sanguíneos del cerebro (derrame cerebral, arteritis cerebral u oclusión cerebral)

Efectos en el crecimiento

Cuando se usa durante más de un año, metilfenidato puede reducir el crecimiento en algunos niños.
Esto afecta a menos de 1 de cada 10 niños.
Puede impedir el aumento de peso o estatura
Su médico comprobará cuidadosamente la estatura y el peso de usted o de su hijo, así como la alimentación
Si usted o su hijo no crecen tanto como se esperaba, entonces se puede interrumpir el tratamiento con metilfenidato durante un corto periodo de tiempo.
Si considera que alguno de los efectos adversos que sufre es grave o si aprecia cualquier efecto adverso no mencionado en este prospecto, informe a su médico o farmacéutico.

 

Fuente: Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios

 

De entre los más de 11.000 estudios realizados sobre el TDAH en las últimas décadas, no hay ninguno que evalúe con rigor las consecuencias de la medicación a lo largo de los años. Es un desinterés que genera sospechas.

 

Es importante ver cómo pueden afectar los diferentes puntos de vista sobre el TDAH en su abordaje. En un estudio realizado en Londres por Goodman (2000) en el que valoraban los diferentes puntos de vista sobre la hiperactividad entre los padres y el médico de cabecera, observaron que los padres suelen ver la hiperactividad como un trastorno médico, mientras que el médico lo considera como un problema psicológico. Los padres creen que reconocer y etiquetar el trastorno es una forma de ayudar al niño y les posibilita el buscar ayuda, mientras que el médico considera el diagnóstico como una estigmatización y una forma de evitar problemas educativos. Los padres y los médicos reconocen que la hiperactividad con frecuencia se asocia a un estrés familiar o social, pero el médico suele ver en la familia la causa del trastorno mientras que los padres se ven víctimas del mismo. Los padres de este estudio refieren que los médicos de cabecera están poco informados acerca del trastorno y encuentran a faltar servicios o unidades de referencia para dicho trastorno.

 

Como conclusión a lo expuesto podríamos añadir que el TDA/H y sus subtipos es un trastorno muy complejo en cuanto a su diagnóstico. Hay que seguir una rigurosa evaluación, tanto médica como neuropsicológica, y a su vez, la intervención debe ser individualizada y multidisciplinar. Acuñar el término de TDA/H conlleva muchos riesgos, sobre todo si no se hace de manera acertada, algo que ocurre, desgraciadamente, con mucha frecuencia.

 

Marta Salas. Psicóloga

Num.Col. M-21405

 

BIBLIOGRAFÍA CITADA

Manual CSAT, Tarea de Atención Sostenida en la Infancia. Mateu Servera y Jordi Llabrés. UIB. TEA ediciones, 2004

Las otras verdades del TDAH. C. Alós y C. Ruíz, Octubre 2012

Actualizaciones en el tratamiento por Déficit de Atención con Hiperactividad. Aula Médica de Psiquiatría. Año III.nº3.2001

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (2009). Metilfenidato (Corcerta/Medikinet/Rubifen): Actualización de las condiciones de uso.

Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente. (2008). Protocolos 2008

Bentall, R. (2011). Medicalizar la mente. Barcelona: Herder Editorial

IMSD Institute for healthcare informatics. (2012). The use of medicnes in the United States: Review of 2011. New York

 

 

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